Doce años sin justicia en el caso de los normalistas de Ayotzinapa
A doce años de la desaparición forzada en Iguala, familias y colectivos mantienen la exigencia de verdad ante la falta de resultados definitivos.

El pasado 26 de septiembre se cumplieron 12 años de la desaparición forzada de 43 jóvenes estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, ocurrida en Iguala, Guerrero. El Estado mexicano enfrenta un escenario de estancamiento judicial, donde las familias de las víctimas continúan reclamando acceso pleno a la información que permanece bajo resguardo de diversas instancias federales. A más de una década de los hechos, la impunidad persiste como el eje central de las demandas sociales en el país.
La Fiscalía General de la República (FGR) mantiene abiertas diversas líneas de investigación, aunque la resolución integral del caso sigue siendo una asignatura pendiente. Durante los últimos meses, grupos de defensa de derechos humanos han señalado que la fragmentación de la información y la falta de colaboración entre distintas dependencias han obstaculizado la localización de los jóvenes. A pesar de los esfuerzos institucionales, los avances en la identificación de responsabilidades dentro de las cadenas de mando no han satisfecho las expectativas de justicia de los padres y madres de familia.
En el ámbito legislativo, diversos integrantes del Congreso de la Unión han propuesto fortalecer los mecanismos de supervisión sobre las indagatorias ministeriales para evitar la opacidad. La Secretaría de Gobernación (SEGOB) ha reiterado su apertura a nuevas mesas de diálogo, aunque los colectivos insisten en que la prioridad debe ser la apertura total de los archivos militares y ministeriales. La exigencia se centra en que el Estado mexicano garantice un proceso de investigación transparente y libre de injerencias políticas.
La sociedad civil ha organizado diversas movilizaciones en la Ciudad de México y en Guerrero para conmemorar el duodécimo aniversario, reafirmando que el caso sigue vigente en la agenda nacional. Mientras tanto, las instituciones encargadas de la seguridad y procuración de justicia enfrentan la presión constante de organismos internacionales y nacionales. La resolución de este caso representa, para muchos sectores de la población, una prueba determinante sobre la capacidad del Estado para garantizar justicia en casos de violaciones graves a los derechos humanos.


